| 28
de abril de 2002
La Comisión por la Verdad y la Justicia se une a los amigos
y familiares de Carlos Muñiz Varela en la conmemoración
del aniversario de su muerte que aun permanece impune tras 23
años de haber ocurrido.
La Comisión por la Verdad y la Justicia se organizó
hace un año para unir los esfuerzos de familiares y amigos
de las víctimas de asesinatos políticos en los que
participaron organismos gubernamentales tanto en la planificación,
en la ejecución, como en el encubrimiento. Los familiares
y amigos de Carlos Muñiz Varela forman parte de este esfuerzo
y han representado una aportación valiosa a nuestro trabajo.
Sobre todo destaca la
valentía con que estos compañeros, año tras
año, levantan su voz para condenar este asesinato y pedirle
al gobierno que haga su trabajo de acusar y encauzar a los culpables.
Contrasta esta actitud con la asumida tradicionalmente por las
autoridades. Es un hecho notable que en Puerto Rico todavía
existe el miedo hacia algunos sectores poderosos del exilio cubano
que, junto a la extrema derecha puertorriqueña y a elementos
corruptos de la Policía de Puerto Rico, utilizaron el asesinato
como instrumento de lucha política y por virtud de sus
influencias y su poder económico no han sido acusados ni
juzgados. Este crimen permanece impune a pesar de que existen
y se han presentado pruebas que incriminan directamente a personas
que pertenecen a este sector.
Estamos conscientes de que autoridades federales que coordinaban
las acciones con estos grupos de exilados cubanos también
tienen responsabilidad en este crimen. El hecho de ser autoridades
federales no puede ser razón para que actúen con
impunidad en Puerto Rico. El asesinato es un crimen y los responsables
deben pagar por esto, vengan de donde vengan o trabajen donde
trabajen.
La secretaria Anabell Rodríguez se ha comprometido con
esta familia a no titubear, de existir prueba suficiente en derecho,
a la hora de acusar a los responsables ante los tribunales. Exhortamos
al Departamento de Justicia a que haga valer las palabras de su
secretaria.
Insistimos en que más allá del interés inmediato
de identificar a los ejecutores, autores intelectuales y financieros
de estos operativos político-criminales, el Estado también
tiene la responsabilidad moral de investigar con detenimiento
las conspiraciones para el encubrimiento de estos crímenes
dentro y entre entes gubernamentales y privados de manera que
se tomen las medidas necesarias para corregir lo ocurrido y prevenir
su repetición.
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