Puerto Rico: ¿Cuándo llegará la justicia?
Por Raúl Ramos Irizarry
Publicado en rprogreso.com
21-27 de febrero de 2002
La Comisión de lo Jurídico del Senado de Puerto
Rico está enfrascada en la investigación de una
serie de crímenes políticoslos asesinatos
de Carlos Muñiz Varela y Santiago "Chagui" Mari
Pesquera entre ellosque han quedado impunes desde las décadas
del 70 y el 80. Éstas son las buenas noticias.
Las malas noticias son, por supuesto, que tal investigación
debía haberse realizado 20 años atrás, y
que nada podrá excusar jamás el hecho de que se
hayan barrido estos crímenes hasta esconderlos debajo de
una sucia alfombra de indiferencia oficialo algo peor. Pero
más vale tarde que nunca.
"Hay elementos de investigar las muertes del hijo de Juan
Mari Brás, Santiago Mari Pesquera, y de Carlos Muñiz
Varela, dueño de la agencia Viajes Varadero, y otros",
ha afirmado el presidente de dicha comisión, Eudaldo Báez
Galib, senador por el Partido Popular Democrático (PPD),
actualmente en el poder.
Estos crímenes ya serían muy serios si se tratara
solamente del tráfrico de influencias, negocios turbios
y descarado robo que los políticos corruptos de la isla
convirtieron en el pan nuestro de cada día. Pero de lo
que estamos hablando aquí es de asesinatos políticos.
Como dijera recientemente Luis Fernando Coss, columnista del
periódico El Nuevo Día, la decencia más elemental
exige que, por lo menos, se examinen los atentados contra la vida,
como lo hace ahora el Senado de Puerto Rico.
"Los asesinatos de Santiago Mari Pesquera y Carlos Muñiz
Varela deben ser aclarados de una vez y para siempre", escribió
Coss. Y añadió: "Las manos de los federales,
la ultraderecha cubana exiliada y la Policía corrupta"
son claramente visibles en estos casos.
¿Qué sabían los federales?
Precisamente, lo que el Senado está tratando de determinar
es el alcance de la participación oficialpor acción
u omisióntanto federal como local, así como
el papel de la ultraderecha cubana en Puerto Rico.
"El propósito de la investigación del Senado
no es solucionar los asesinatos sino determinar si los federales
estaban al tanto de ellos antes, durante y después de que
se cometieran", señaló Raúl Álzaga
Manresa, amigo y socio de negocios de Muñiz Varela. "Ellos
quieren averiguar los nexos que pudieran haber existido entre
las agencias de Puerto Rico dedicadas a aplicar las leyes y las
federales, si las agencia federales estuvieron involucradas en
los crímenes políticos y si pudieron haberlos evitado".
Es una tarea cuesta arriba, no sólo porque los crímenes
se cometieron hace más de dos décadas sino porque
Puerto Rico es una colonia norteamericana, lo cual hace cualquier
investigación de esta naturaleza extremadamente difícil.
"El Senado de Puerto Rico no tiene jurisdicción sobre
las agencias federales y no puede obligarlas a comparecer, por
lo que tendrían que hacerlo voluntariamente", señaló
Juan Dalmau, asesor legal del senador Fernando Martín,
dirigente del Partido Independentista Puertorriqueño (PIP)
y autor de la resolución aprobada por el Senado el 20 de
junio del 2001 ordenando la investigación.
No obstante, Báez Galib parece estar decidido a seguir
adelante.
"No me cabe duda de que las agencias federales serán
llamadas a testificar en algún momento", añadió
Dalmau. "Su incomparecencia traería preguntas sobre
su papel en estos crímenes o al menos su falta de vountad
para esclarecerlos".
Las víctimas
Muñiz Varela tenía siete años cuando salió
de su Cuba nativa y se mudó a Puerto Rico. Tenía
25 el 28 de abril de 1979 cuando alguien lo acribilló a
balazos en Guaynabo, Puerto Rico, mientras se dirigía a
visitar a su madre. Al momento de su muerte su hijo Carlos tenía
cinco años y su hija Yamaira sólo unos cuantos meses.
Era el presidente de Viajes Varadero, una agencia que en diciembre
de 1978 comenzó a oganizar viajes a su país de origen
para cubanos residentes en Puerto Rico. Tales actividades eran
una espina clavada en el costado del sector más recalcitrante
de la comunidad cubana expatriada, que se oponía encarnizadamente
a toda clase de contactos con la otra isla, aquella en que habían
nacido.
Tras 22 años, cientos de prometedoras pistas desperdiciadas
y varias investigaciones abortadas no se ha acusado a nadie nadie
por el asesinato de Muñiz Varela, aunque fuertes evidencias
circunstanciales apuntan a cubanos de ultraderecha y policías
corruptos puertorriqueños.
Mari Pesquera nació en Puerto Rico y tenía 23 años
cuando fue secuestrado y asesinado. Su cuerpo se encontró
el 24 de marzo de 1976.
Activo participante en el movimiento independentista, "Chagui"
era hijo de Juan Mari Brás, fundador del Partido Socialista
Puertorriqueño (PSP) y uno de los líderes más
prominentes en la lucha contra la dominación norteamericana,
quien era el candidato del PSP a la gobernación de Puerto
Rico cuando su hijo fue asesinado.
Las amenazas de muerte no eran nada nuevo para la familia de
Mari Pesquera, varios de cuyos miembros ya habían sido
objeto de atentados contra sus vidas. Un hombre con problemas
mentales llamado Henry Walter Coira Story, nacido en Cuba, fue
arrestado, juzgado y convicto por la muerte de "Chagui".
Sin embargo, muchos creen que no fue más que un instrumento
de los verdaderos criminales.
"Los autores intelectuales de la muerte de Chagui¹
nunca han sido encausados", ha dicho su hermana, Rosa Mari
Pesquera.
La Comisión por la Verdad y la Justicia
La convicción de que la incapacidad o la falta de voluntad
de las autoridades para encausar a los criminales había
impedido que se hiciera justicia impulsó a Rosa Mari Pesquera,
Raúl Álzaga Manresa y la ex presidenta de la Asociación
de Periodistas de Puerto Rico, Leila Andreu, a formar la Comisión
por la Verdad y la Justicia, conjuntamente con otros familiares
y amigos de víctimas de crímenes políticos.
Su propósito: Hacer todo lo humanamente posible para que
se encause a los asesinos.
La comisión comenzó el año pasado recopilando
la información dispersa que los amigos y familiares de
las víctimasocho en totalhabían recogido
por su propia iniciativa. La idea era conseguir que por primera
vez se mirara a estos crímenes de forma integral para que
se investigaran no como asesinatos aislados sino como parte de
un patrón de persecución política en el que
las autoridades de Puerto Rico, varias agencias federales y grupos
de exiliados cubanos habían tenido una trágica participación.
"Yo como periodista que estaba cubriendo muchos de estos
casos, veía un patrón", recuerda Andreu. "Y
pensé que si se planteaba de esa manera, era mucho más
grave que asesinatos aislados".
En diciembre del año pasado los miembros de la comisión
se reunieron con Martín y Báez Galib. "Les
dijimos lo que queríamos hacer", dijo Andreu. "Y
llegaron a la conclusión de que nosotros sabíamos
más que ellos sobre los asesinatos".
El 23 de enero de este año la Comisión de lo Jurídico
sostuvo su primera vista pública en la que Andreu, Mari
Pesquera y Álzaga Manresa testificaron acerca de la información
que poseían sobre los asesinatos de Mari Pesquera y Muñiz
Varela, los primeros dos casos que se están investigando.
Entre los nombres mencionados por ellos como de los posibles asesinos
y sus cómplices figuraba prominentemente el de un comerciante
cubano en Puerto Rico de conocidas tendencias extremistas, quien
se considera el principal sospechoso en la muerte de Muñiz
Varela.
Amenazas a un fiscal
Increíblemente, a pesar de los años transcurridos,
los asesinos todavía utilizan la intimidación, que
tan buenos resultados les dio en el pasado, para tratar de escapar
a la justicia. Durante la vista, y respondiendo a una pregunta
de Martín, Álzaga Manresa reveló que José
Virella, el fiscal encargado de investigar las muertes de Mari
Pesquera y Muñiz Varela, había sido amenazado.
"Si en estos precisos momentos", apuntó Álzaga
Manresa, "el fiscal encargado de estos dos casos recibe insinuaciones
o amenazas, imagínense los mensajes que pudieron haber
recibido hace 10 ó 15 años los que investigaron".
Aunque ésta es la primera indagación a nivel político
de los posibles vínculos entre casos específicos
y agencias federales, hubo investigaciones anteriores que no lograron
esclarecer los asesinatos de Muñiz Varela y Mari Pesquera.
Por ejemplo, en 1992, durante la investigación del Comité
de lo Jurídico sobre el encubrimiento de los infames asesinatos
ocurridos en el Cerro Maravilla en 1978, el Senado escuchó
lo que se ha descrito como testimonio creíble y concreto
sobre el asesinato de Muñiz Varela. Pero éste nunca
se hizo público.
El Departamento de Justicia y el mismo Senado, que había
pasado a manos de los anexionistas del Partido Nuevo Progresista,
ignoraron durante 10 años la nueva evidencia. Evidentemente
abrigaban la no tan secreta esperanza de que la misma se olvidara
o desapareciera.
El pueblo ya no cree en cuentos
Con ese historial de investigaciones fracasadas, ¿por
qué habría de ser exitosa esta nueva indagación
tantos años después de los asesinatos? Por un lado,
según miembros de la Comisión por la Verdad y la
Justicia, hoy el ambiente en Puerto Rico es más favorable.
Desde que la investigación del Cerro Maravilla descubriera
en 1984 que seis años atrás la policía de
Puerto Rico había emboscado y asesinado a mansalva a dos
estudiantes universitarios, Arnaldo Darío Rosado y Carlos
Soto Arriví, el pueblo puertorriqueño ya no es tan
ingenuo.
"Después del despertar del pueblo durante las investigaciones
sobre el Cerro Maravilla, que arrojó mucha luz sobre el
papel de los federales, la gente ya no se traga los cuentos",
dijo Andreu
"Todo el mundo sabe que aquí algo se tapó y
que estos crímenes son políticos. Además,
hay una voluntad por parte de Báez Galib de tomar el asunto".
Otro aspecto que señaló Álzaga Manresa es
que los elementos más recalcitrantes de la comunidad cubana
en Puerto Rico han perdido fuerza e influencia. "Las nuevas
generaciones políticas ya no tienen compromisos con ellos",
dijo.
Por su parte, Dalmau afirmó que Martín desea que
la investigación se mueva lo más rápidamente
posible. "No queremos que se vuelvan a arrastrar los pies
como sucedió en el pasado tanto bajo administraciones PNP
(anexionistas) como PPD (autonomistas)".
Se dice que la justicia tarda pero llega. Ojalá que así
sea para que, al fin, puedan sanar algunas de las heridas del
pueblo puertorriqueño.
Raúl Ramos Irizarry es un escritor
independiente.
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