Carlos Enrique Soto Arriví
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Fecha de nacimiento:
8 de diciembre de 1959 |
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Asesinado: 25 de julio
de 1978 |
Nació en San Juan, hijo del escritor
y profesor Pedro Juan Soto y Rosa Arriví. Tenía
18 años cuando junto con Arnaldo Darío Rosado murió
víctima de un operativo policiaco en el Cerro Maravilla
de Villalba el 25 de julio de 1978.
Quique, como le llamaban
su hermano mayor Roberto Alfonso y su hermano menor Juan Manuel
desde niños, o Quico, como le decían sus amigos
y compañeros, era un joven talentoso, cariñoso y
con don de gente, que se ganaba fácilmente el cariño
de todos los que lo conocían. Era un estudiante destacado
que amaba la literatura, escribía cuentos y le gustaba
leer de diversos temas. Su maestro de Historia y Estudios Sociales
decía que era el más destacado en su clase. Para
Carlos Enrique y su familia fue un evento importante en su vida
cuando se ganó el segundo premio en un concurso nacional
de cuentos del Departamento de Instrucción. También
tenía mucha facilidad para aprender idiomas. Mientras su
padre y su madre de crianza, la profesora y escritora Carmen Lugo
Fillipi, completaban estudios doctorales en Francia y España,
Carlos Enrique aprendió francés en un año
y se integró fácilmente en las escuelas española
y francesa.
Cuando regresó de
Europa continuó sus estudios en la Escuela Superior República
de Colombia, en Río Piedras, pero en grados inferiores
porque el Departamento de Instrucción no le convalidó
los dos años de estudios anteriores, por eso cursaba el
tercer año de secundaria cuando tenía 18 años.
Aunque comenzó a preocuparse
por los problemas sociales desde temprano, su activismo político
formal comenzó cuando ingresó a la Federación
de Estudiantes Pro Independencia (FEPI) en la escuela superior.
En el libro "Tramo Ancla",
una colección de ensayos de escritores de la década
del 70, Lugo Fillipi le dedicó su trabajo destacando que
a tan corta edad al morir, había logrado el proverbio árabe
de lo que un hombre debe hacer antes de morir: Sembrar un árbol,
que lo hizo con su padre en el campo de Naranjito; escribir un
libro, en este caso un cuento, y tener un hijo, que a pesar de
no llegar a ser de carne propia tuvo millones de hijos en sus
compatriotas puertorriqueños.
Soto Arriví tenía
18 años cuando fue conducido a una torre de televisión
en el Cerro Maravilla para cumplir un plan del agente encubierto
de la policía Alejandro González Malavé.
Cuando llegaron los estaba esperando un fuerte contingente policiaco,
que los emboscaron y asesinaron a mansalva, después de
rendirse y estando de rodillas. El gobierno de Carlos Romero Barceló
de inmediato exoneró de culpa a los policías y los
declaró héroes alegando que actuaron en defensa
propia ante un ataque terrorista. El Departamento de Justicia
validó la versión oficial, pero la opinión
pública adversa y la persistente investigación del
periódico
The San Juan Star llevó al Senado (controlado por la oposición
política) a realizar su propia investigación (1981-84)
y descubrió el doble asesinato, planificado y encubierto
por las autoridades.
La figura clave y esencial
en el descubrimiento de la verdad fue el chofer de carro público
Julio Ortiz Molina, cuyo vehículo fue secuestrado por González
Malavé para llevarlos al Cerro Maravilla. Ortiz Molina
declaró que fue presionado a mentir por las autoridades
y su testimonio contradijo la versión oficial.
A consecuencia de la pesquisa
senatorial, los fiscales del Departamento de Justicia que realizaron
las investigaciones oficiales fueron acusados y desaforados como
abogados, unos por varios años otros perdieron sus licencias
para siempre. La mayoría de los policías que participaron
del operativo fueron convictos de perjurio en el tribunal federal
por mentir en la investigación y condenados por asesinato
en segundo grado en el Tribunal Superior puertorriqueño
conforme a la evidencia recopilada por el Senado y la Oficina
del Fiscal Especial Independiente.
El Senado realizó
una segunda investigación (1990-1992) sobre la planificación
de los crímenes, que arrojó información sustancial
sobre la existencia de escuadrones de la muerte en la Policía,
la fabricación de actos terroristas, la política
pública de "escarmiento" al independentismo y
los planes operacionales de represión a esa ideología
y el papel que tuvo
Estados Unidos a través de su Negociado Federal de Investigaciones
(FBI).
Con un nuevo cambio de gobierno,
el Senado controlado por el Partido Nuevo Progresista intentó
(1993-1998) probar la inocencia de los policías convictos
con una tercera pesquisa sobre las dos investigaciones senatoriales
anteriores.
En diciembre de 2000 surgió
de una investigación del periódico Primera Hora
que un grupo de los policías convictos fue excarcelado
ilegalmente cuando recibió trato preferencial de la Administración
de Corrección al convalidarles tiempo servido por sus sentencias
federales en contradicción al dictamen judicial del caso
de asesinato. Tras una investigación y revisión
judicial, los ex policías fueron devueltos a la cárcel
para extinguir sus condenas después de haber gozado de
una libertad a la que no tenían derecho.
Al día de hoy, a pesar
de que se sabe quiénes alaron los gatillos, quedan interrogantes
sobre los autores intelectuales y el rol que jugó el FBI
y otras instancias federales.
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