23 de enero de 2002
Ponencia sobre el caso del asesinato
de Santiago Mari Pesquera
Por Rosa M. Mari Pesquera
Señor Presidente,
Senadores y Senadoras
miembros de la Comisión
de lo Jurídico
del Senado de Puerto Rico:
Mi nombre es Rosa Mercedes Mari Pesquera. Comparezco
ante ustedes en nombre de la Comisión por la Verdad y la
Justicia, así como de la familia, padres y hermanos, de
Santiago Mari Pesquera.
Agradezco la oportunidad que se nos brinda, en lo que respecta
al caso del asesinato de mi hermano, por primera vez en casi 26
años desde que ocurrió, de dirigirnos a un organismo
de gobierno, públicamente, para hacer constar nuestra protesta
por el ocultamiento que se ha hecho por parte de las autoridades
de Estados Unidos y de Puerto Rico de la verdad de los hechos
y los autores de este crimen y para denunciar las acciones delictivas
so color de autoridad que se han dado con respecto a este crimen,
a su investigación y procedimientos judiciales.
Santiago (Chagui) Mari Pesquera es el hijo mayor de Juan Mari
Brás y Paquita Pesquera Cantellops. Nació el 26
de agosto de 1952 y murió asesinado el 24 de marzo de 1976.
Juan Mari Brás, abogado de profesión y a quien ustedes
conocen, ha sido dirigente político desde su juventud y
dedicado a la lucha por independizar a Puerto Rico de los Estados
Unidos. Al momento de la muerte de su hijo, en marzo de 1976,
Mari Brás dirigía el Partido Socialista Puertorriqueño,
un movimiento vigoroso y creciente, abiertamente revolucionario,
que había logrado una fuerza e influencia en el movimiento
obrero, las luchas comunales y se abría paso en las contiendas
electorales del país.
Paquita Pesquera, quien era profesora universitaria, fue militante
desde sus años estudiantiles y participaba de forma prominente
en el mismo partido. Al momento de la muerte de su hijo se encontraba
enseñado en una universidad en Nueva York, y militando
en la seccional del Partido Socialista Puertorriqueño en
esa ciudad.
Chagui, apodo con el que se le conocía a Santiago Mari
Pesquera, era un joven que a sus 23 años de edad despuntaba
como un gran talento y con grandes capacidades. Siempre fue un
buen estudiante, logrando graduarse de la escuela secundaria en
el año 1970 con muy buenas calificaciones. Entró
a la Universidad de Puerto Rico, de donde se graduó con
un grado de bachillerato (B.A.) en Ciencias Sociales. Tenía
un espíritu emprendedor y aventurero. A los 16 años
aprendió a manejar automóviles y por ahí
siguió tomando licencias de equipo pesado y carga comercial
lo que le permitió hacer trabajos de chófer y de
construcción alternando con los estudios.
Políticamente Chagui se mantenía activo y participaba
de las actividades del movimiento independentista y estudiantil.
En la lucha contra el servicio militar obligatorio cuando la Guerra
de Viet Nam, se negó a servir en el Ejército de
los Estados Unidos por entender que no tenía por qué
inscribirse en un ejército que no era el suyo, para pelear
en esa guerra invasora. Se integró activamente en la huelga
estudiantil de 1973. Siempre asistía a
las actividades contra la explotación minera y la devastación
ecológica y a las del 23 de septiembre en Lares para celebrar
el Grito de Independencia de 1868, a las que movilizaba también
a sus amigos.
Después de graduarse de la universidad se trasladó
a Oklahoma, de donde regresó con su licencia para comenzar
la carrera de piloto comercial. Regresó en enero de 1976
y ya en febrero encontró trabajo. Llevaba varias semanas
de piloto en una pequeña línea aérea de carga
cuando lo asesinaron. En la mañana del 24 de marzo de 1976,
Chagui salió a trabajar y por la tarde, cuando debía
recogernos a mi hijo y a mi, ya que yo le había prestado
mi carro, no llegó. En la mañana siguiente su cadáver
fue encontrado en el interior del vehículo estacionado
en la calle marginal de la carretera #1, que conduce de Río
Piedras a Caguas, frente a las oficinas de General Foods.
FBI participaba de persecución y hostigamiento
al independentismo
En ese momento en que el Partido Socialista Puertorriqueño
estaba en crecimiento y desarrollo, se publicaba el diario Claridad,
que circulaba en Puerto Rico y Estados Unidos y se celebraban
multitudinarias concentraciones políticas por la independencia
de Puerto Rico, el gobierno de Estados Unidos y el FBI usaban
a la Policía de Puerto Rico en diversas formas de represión,
hostigamiento y persecución contra los independentistas.
Como muestra les presento copia de un documento que pertenece
a la Carpeta que la Policía de
Puerto Rico elaboró sobre mi persona y que obtuve cuando
las carpetas fueron devueltas a los afectados. El documento es
el Registro de Carpetas Solicitadas en Archivo donde se anotaban
los agentes que iban a consultar las carpetas, la fecha de la
consulta, la firma del agente y la agencia o división a
la que pertenecía el agente. En mi carpeta más de
la mitad de los agentes que la revisaron entre 1972 y 1976 eran
miembros del Buró Federal de Investigaciones, FBI y así
consta en el Registro. (Anejo 1)
Los independentistas vivíamos en medio de un ambiente de
persecución institucional. Mi padre era una figura prominente
del movimiento y él y nuestra familia fuimos objeto de
múltiples amenazas y atentados. Los agentes del FBI rondaban
la casa y el vecindario, preguntaban a los vecinos por nosotros
y seguían a mi papá donde quiera que iba. Varias
veces, después de un fin de semana en Mayagüez, llegamos
y encontramos la casa desordenada, sin que faltara nada, a veces
con notas intimidantes. Si el FBI siempre
estaba alrededor de mi casa, mirando y observando lo que pasaba
en ella
¿quién hubiera podido entrar sin su permiso?
Una vez colocaron una bomba debajo del carro de mi madre que explotó
y dejó el carro inservible. Casualmente fue mi hermano
Chagui quien vio un carro que paró frente al de mi mamá,
abrió la puerta, la cerró y aceleró alejándose
rápidamente y al minuto explotó la bomba que levantó
a Chagui de donde estaba sentado, rompió varios cristales
de las ventanas de la casa y desbarató el carro. Chagui
le dio a la policía la descripción exacta del
carro que vio detenerse, la hora, etc. y esa investigación
nunca llevó a que se acusara a nadie.
Tuve la experiencia, hace 15 años, de un amigo de infancia
que era vecino en la urbanización donde vivíamos,
que vino a contarme un acontecimiento que les dejará ver
cuán de cerca nos espiaba el FBI. Me contó el amigo,
hijo de un matrimonio cubano refugiado en Puerto Rico luego de
la Revolución, que en su casa, que colindaba con la mía,
el FBI colocó un equipo sofisticado de grabación
apuntando hacia mi casa. La habitación que utilizaron para
eso era la de mi amigo, razón por la cual los padres lo
enviaron a vivir un tiempo a
Estados Unidos con unos parientes. Esa habitación se cerró
para la familia y a ella entraban tres agentes del FBI que permanecían
por 8 horas, hasta que otro turno de tres agentes más los
relevaban. Eso ocurrió durante un periodo de varios meses,
hasta que la familia cubana decidió mudarse. Por si les
interesa citarlo, mi amigo se llama Ricardo Valdés y al
momento de contármelo, en 1987, trabajaba de programador
de computadoras en el Municipio de Worcester en Massachussetts
y me manifestó que me lo contaba porque si de algo sirviera
su testimonio para esclarecer el caso de Chagui, él lo
daría.
Por todos estos antecedentes y otros más que no tenemos
tiempo de exponer aquí, desde el momento mismo de la muerte
de Chagui, supimos que este era un asesinato político y
que el FBI, que tanto nos espiaba, tenía que estar involucrado.
El 26 de marzo de 1976, dos días después del asesinato,
la División de Investigaciones Criminales de la Policía
de Puerto Rico envió oficiales a estudiar exaustivamente
la escena del crimen y le pidió al FBI, formalmente en
una comunicación escrita, que todos los documentos, archivos
e información que esa agencia le enviara al FBI sobre este
caso quedaran explícitamente fuera del "Freedom of
Information Act" y que cualquier agencia que recibiera la
información se considerara obligada por este pedido. El
dato lo obtuvimos de uno de los documentos del FBI que fue pedido
a través del "Freedom of Information Act" por
mi padre y refleja que toda la información específica
del caso que fue intercambiada de ahí en adelante ha sido
ocultada con toda premeditación y alevosía, tanto
por la Policía de Puerto Rico, como por el FBI. (Anejo
2)
De hecho, un dato curioso lo es que a la hora de entregarnos las
carpetas de la División de Inteligencia de la Policía
de Puerto Rico, la carpeta de Chagui no apareció. Cabe
preguntarse ¿se la habrá llevado el FBI? ¿Qué
funcionario hizo desaparecer ese documento?
El encubrimiento
Lo que siguió al asesinato fue el encubrimiento del caso.
Muchas movidas y manipulaciones fueron hechas por policías,
autoridades del Departamento de Justicia y otras ramas del gobierno
con el propósito de aparentar una coartada que ya estaba
planificada a la hora del asesinato. La coartada era utilizar
a un joven, vecino nuestro y enfermo mental, para aparentar que
él y sólo él, había matado a Chagui.
De esa forma habría un acusado que se
enjuiciaría y quedaría el caso resuelto.
El Partido Socialista Puertorriqueño inició su propia
investigación rápidamente y llegó a la conclusión
clara de que el acusado, Henry Coira no pudo haber actuado solo.
Por parte de la Comandancia de la policía participaron
en la investigación, el entonces Coronel Héctor
M. Lugo, el Superintendente de la Policía Desiderio Cartagena
y el ya notorio oficial Alejo Maldonado.
A Henry Coira lo arrestaron. El agente que iba llevando la voz
cantante en el arresto fue el ahora convicto Alejo Maldonado.
Cuando lo arrestaron Henry Coira se contradecía constantemente,
a veces decía que había matado a Chagui y a veces
decía que no. El primer fiscal asignado al caso, Emilio
Duprey Tacoronte, declaró años más tarde
ante la Fiscal Crisanta Rodríguez que en el momento en
que Henry Coira negaba que hubiera asesinado a Chagui, Alejo Maldonado
trajo a un hombre que dijo ser de la CIA. Este último entró
al cuarto donde estaba Henry Coira, estuvo un rato solo con él
y cuando salió,
afirma Duprey Tacoronte, que Henry Coira había cambiado
de actitud. Este personaje, supuesto miembro de la CIA, tiene
un papel muy importante en este encubrimiento. Ese fue el encargado
de manipular sicológica y mentalmente a Coira para que
mantuviese en su mente esquizofrénica, como una realidad
vivida, el esquema que había sido fabricado como coartada.
Henry Coira fue acusado pero no lo podían procesar porque
era enfermo mental. Así consta en un certificado médico
que se emitió el 8 de octubre de 1976 donde aparece con
un diagnóstico de reacción esquizofrénica
tipo paranoide crónico, mentalmente incompetente, firmado
por el siquiatra José R. Vigoreaux. El acusado siguió
preso pero como no era procesable no se efectúa el juicio
en los próximos años.
Mientras el acusado estaba preso sin procesar se releva de la
investigación a los oficiales que habían sido los
encargados originales del caso. Se releva al fiscal Duprey Tacoronte
y se nombra en su lugar al fiscal Salixto Medina. Este último
trabajaba coordinando con las autoridades federales el esclarecimiento
de casos de corrupción policíaca. Se releva también
al oficial de la policía Ismael Rodríguez.
Para efectuar el juicio se hizo una maniobra absolutamente burda
y temeraria que esta comisión debiera evaluar para legislar
en alguna forma que impida que estas cosas pasen nuevamente. El
29 de enero de 1981, luego de que Romero Barceló tomara
posesión por segunda vez en la gobernación de Puerto
Rico, se cambia sorpresivamente el panel de siquiatras que evaluaba
a Coira y el nuevo panel le hace un nuevo examen psiquiátrico
y o declara procesable. Ese nuevo panel estaba compuesto por los
siquiatras Frank Benítez, René Alvarez Silva y Abelardo
Martínez. Apenas diez días después de declararlo
procesable, el 9 de febrero, Coira se declara culpable de asesinato
en segundo grado en una vista judicial con el juez Juan Arbona
que a todas luces fue apresurada. A esta vista no llamaron a testificar
a mi padre que le había pedido al tribunal que le permitiera
declarar ya que tenía pruebas de que Coira no actuó
solo. Tampoco llamaron a declarar a ninguno de los oficiales originales
que estaban a cargo del caso, el fiscal Duprey y el oficial policíaco
Ismael Rodríguez. El abogado de defensa de Coira lo fue
Rafael Rivera Cruz.
A mi padre se le notificó que la vista de sentencia se
celebraría el 18 de marzo. Cuando su representante legal,
la Lcda. Ludmilia Rivera Burgos, llegó a la corte ese día
le informaron que la vista se había efectuado el día
anterior sin que el cambio se le hubiera notificado ni a mi padre
ni a su abogada. Obviamente manipularon la fecha de las vistas
ya que se anticipaba la oposición de nuestra familia a
que se aceptara la rebaja del delito y, además, para impedir
que cualquier pequeño incidente o la simple presencia de
mi padre pudiera confundir la débil sicología del
acusado y se dañara la coartada.
A Coira se le sentencia a cumplir una condena de 10 a 15 años
por asesinato y de 1 a 3 años por uso ilegal de armas.
Así el caso judicial quedó cerrado.
La reapertura del caso
Años más tarde, cuando se estaba llevando a cabo
la investigación que hizo este cuerpo sobre los acontecimientos
de Cerro Maravilla, el fiscal Duprey Tacoronte mencionó
en su testimonio que otro caso que se debiera investigar por encubrimiento
es éste del asesinato de Santiago Mari Pesquera. Cuando
Héctor Rivera Cruz fue nombrado Secretario de Justicia
dio paso a una nueva investigación que estuvo a cargo de
la fiscal Crisanta Rodríguez. A ella se le comunicó
los detalles de la investigación que había hecho
la familia y el Partido Socialista Puertorriqueño. Esta
investigación vincula a dos hermanos cubanos de apellido
Verdut cuyo automóvil fue visto, tanto en el lugar donde
secuestraron a Chagui, como en el lugar donde dejaron el cadáver.
Entre los documentos que obran en poder del Departamento de Justicia
figura el traspaso de dueño de ese automóvil el
día después del asesinato.
La fiscal Rodríguez, antes de ser relevada de la investigación
del asesinato de Chagui hizo un informe donde afirma que Henry
Coira no pudo haber actuado solo, según se desprende de
las circunstancias del crimen.
La investigación de la fiscal Crisanta Rodríguez
también revela datos interesantes. Por ejemplo, el oficial
de la policía Ismael Rodríguez (interrogado) afirma
que había hecho entrevistas a choferes de carro público
de Cupey y otras personas que aseguraron que habían visto
el carro en dirección al lago, pero sus informes no aparecen
en el expediente del Departamento de Justicia. Alguien removió
esos informes del expediente. Y cabe pensar que otros informes
y evidencias fueron sustraídas del expediente en los días
que precedieron al juicio de Coira cuando estaban cuadrando el
caso para cerrarlo.
En un momento en que la investigación había estado
detenida y la familia pidió que el Departamento de Justicia
fuera más diligente con la investigación, el Jefe
de Fiscales en aquel entonces, Pedro Goico Amador, invitó
a la familia a examinar el expediente del Departamento de Justicia
y a aportar ideas para la investigación. A insistencias
nuestras se investigó el expediente de Henry Coira en la
cárcel, donde había cumplido ya la sentencia y se
descubrieron datos interesantes que vinculan al exilio cubano
derechista con la manipulación sicológica de Coira.
Antes del juicio de 1981, la lista de personas que podían
visitar a Coira a la cárcel cambió. Antes figuraban
en la lista los familiares del acusado. Los familiares fueron
eliminados de la lista y en su lugar pusieron a un grupo de cubanos.
Entre esos cubanos estaba una muchacha con la cual Coira se casó
estando en la cárcel. Esto nos resulta sumamente extraño
e increíble que un preso, con la poca movilidad que tiene,
después de varios años de
estar preso, consiga novia y se case. Al salir de la cárcel
su esposa es quien lo recoge en el Campamento Zarzal y así
figura en el expediente carcelario.
Mientras estaba encarcelado ya cumpliendo sentencia, la cubana
Gloria Gil publicó una supuesta entrevista a Henry Coira
en el periódico La Crónica donde ésta explica,
con todos los detalles, la coartada planificada antes del asesinato
y la pone en boca de Coira. "Yo maté al hijo de Mari
Brás. Él mismo se buscó la muerte" dicen
los titulares. (Anejo 3) Esto vincula nuevamente al sector más
recalcitrante del exilio cubano con el asesinato de mi hermano
y con el encubrimiento.
En días recientes hemos recibido información de
que Henry Coira vive en la calle 7 de Miami, en pleno barrio cubano.
Sugerencias a la Comisión de lo Jurídico
para continuar la investigación propuesta por la Resolución
del Senado 206 Si esta comisión va a profundizar en la investigación
legislativa de este asunto, proponemos que empiece por requerir
al FBI la liberación de todos y cada uno de los documentos
que obren en su poder, sin tachaduras ni omisiones, sobre el asesinato
de Santiago Mari Pesquera.
Proponemos también que citen a Henry Coira, cuya dirección
en Miami, Florida, está en el directorio telefónico
de esa ciudad. A él se le debe interrogar sobre sus conexiones
pasadas y presentes con el FBI, la CIA, las divisiones de inteligencia
del Pentágono y cualesquiera otras agencias federales o de
Puerto Rico. Se debería solicitar el expediente carcelario
de
Coira, donde aparecen las personas que lo visitaban y los que se
relacionaban con él durante esos años, los informes
de los sociopenales y entrevistar al dentista de la cárcel
con el que Coira trabajó durante algunos años de su
reclusión, que según algunas informaciones que hemos
recibido, conoció y estaba al tanto de las relaciones de
Coira.
Pueden citarse, además, para ofrecer sus testimonios sobre
aspectos de la investigación, al fiscal Duprey Tacoronte,
al oficial Ismael Rodríguez, a la ex-fiscal y ex-juez Crisanta
Rodríguez y a los ex-Secretarios de Justicia Carlos Ríos
y Héctor Rivera Cruz.
Para investigar el encubrimiento y los detalles de la relación
de los federales con este caso se podría entrevistar al ex-coronel
Héctor M. Lugo, al ex-agente Alejo Maldonado y al fiscal
Salixto Medina, así como al ex-secretario de Justicia Giménez
Muñoz y al ex-juez Juez Arbona.
Sugerimos, para darle paso a toda la intención de la resolución
206 por la cual fuimos citados hoy aquí, que se nombre un
investigador legislativo con los recursos necesarios para citar,
pedir documentos y desarrollar la investigación más
abarcadora y profunda que hace falta para que la verdad sea conocida
en su totalidad. Que ese investigador tenga la posibilidad de unir
sus esfuerzos a los fiscales del Departamento de Justicia, a personas
interesadas, como lo somos familiares y amigos de los asesinados
y esta organización en donde hemos decidido agruparnos, la
Comisión por la Verdad y la Justicia. Que no se quede este
esfuerzo en lo mismo que han quedado otras investigaciones sobre
estos asesinatos, sobre la participación de las agencias
federales en la planeación y encubrimiento de los mismos
y que el conjunto de esfuerzos nos lleve a sanear para siempre el
ambiente político
de Puerto Rico.
Quisiera terminar con unas palabras que dijera mi padre ante la
tumba de mi hermano el día de su entierro:
"No es la venganza lo que puede animar los corazones de seres
tan hondamente
heridos, que no podrían satisfacerse con un sentimiento tan
banal, pequeño y
mezquino como la venganza. Solo cuando transformemos ese martirio
en
heroismo, el pueblo entero, el pueblo por el que cayó Chagui,
por el que han
caído todos en esta jornada más que centenaria, levantará
a los cielos el
monumento de una patria nueva, de una patria hermosa, de una patria
donde no
puedan darse jamás crímenes como este". |