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Mensaje en el 29 aniversario del asesinato de Santiago Mari Pesquera
Por Rosi Mari Pesquera

Buenos días.

Otra vez más nos encontramos frente a la tumba de Fefel Varona y de mi hermano Santiago Mari Pesquera. En el caso de Fefel, van 37 años desde que murió a causa de una bomba que lo alcanzó mientras visitaba una escuela en Viet Nam durante la guerra. El se encontraba de visita en ese país en una delegación estudiantil internacional a la que perteneció como representante de la Federación de Universitarios Pro Independencia y que había acudido en solidaridad con el pueblo de Viet Nam, en guerra en ese momento contra las fuerzas invasoras de Estados Unidos.

En el caso de Chagui, lo enterramos hace 29 años.

Chagui, apodo con el que se le conocía a mi hermano, Santiago Mari Pesquera, era un joven talentoso, con grandes capacidades. Fue buen estudiante. Se graduó de escuela superior en el año 1970 y pasó a la Universidad de Puerto Rico, de donde se graduó con un grado de bachillerato en Ciencias Sociales. Tenía un espíritu emprendedor y aventurero. A los 16 años aprendió a manejar automóviles y aprobó licencias de equipo pesado y carga comercial lo que le permitió hacer trabajos de chofer y de construcción alternando con los estudios.

Políticamente Chagui se mantenía activo y participaba de las actividades del movimiento independentista y estudiantil. En la lucha contra el servicio militar obligatorio cuando la Guerra de Viet Nam, se negó a servir en el Ejército de los Estados Unidos por entender que no tenía por qué inscribirse en un ejército que no era el suyo, para pelear en esa guerra invasora. Se integró activamente en la huelga estudiantil de 1973. Siempre asistía a las actividades contra la explotación minera y la devastación ecológica y a las del 23 de septiembre en Lares para celebrar el Grito de Independencia de 1868, a las que movilizaba también a sus amigos.

Después de graduarse de la universidad se trasladó a Oklahoma, de donde regresó con su licencia para comenzar la carrera de piloto comercial. Regresó en enero de 1976 y ya en febrero encontró trabajo. Llevaba varias semanas de piloto en una pequeña línea aérea de carga cuando lo asesinaron. En la mañana del 24 de marzo de 1976, Chagui salió a trabajar y por la tarde no llegó. En la mañana siguiente su cadáver fue encontrado en el interior del vehículo estacionado en la calle marginal de la carretera #1, que conduce de Río Piedras a Caguas, frente a las oficinas de General Foods.

Veintinueve años hace desde que ocurrió, en 1976, este asesinato. En los años siguientes se tramó y desarrolló el encubrimiento que ha mantenido la verdad oculta hasta el momento. Funcionarios de gobierno, policías, ciudadanos inescrupulosos y autoridades federales de la más alta esfera participaron de ese asesinato y luego en su encubrimiento.

Este asesinato no el único de ésta naturaleza en nuestro país. En la década de los 70 y 80 se estableció el asesinato político como parte del modo de operación del gobierno para asfixiar al movimiento independentista y antimperialista que en aquellas décadas crecía vigorosamente. El doble asesinato de Cerro Maravilla es uno de estos ejemplos.

En los último años ha habido un movimiento de reflexión en muchos países latinoamericanos donde el gobierno ha incurrido en crímenes políticos como el de mi hermano. En países como Chile, Argentina, El Salvador, Ecuador, Guatemala, Panamá, México, Perú se han dado procesos de investigación exhaustiva que han llevado en muchos casos a encauzar a los responsables de los asesinatos políticos. Esto ha promovido la unidad nacional perdida, ha restaurado la comunicación entre sectores que antes estaban separados y ha permitido que los pueblos vuelvan a establecer un camino en unidad.

Aquí en Puerto Rico nuestra sociedad debe reconocer públicamente el carácter político de los asesinatos en que el gobierno estatal y federal ha participado, de manera que el país pueda tomar control de su destino de una forma informada y conciente.

En momentos en que se habla tanto del terrorismo mundial, se debe reconocer que en Puerto Rico ocurrieron unos asesinatos que constituyen actos de terrorismo que todavía están impunes gracias al encubrimiento protagonizado tanto por funcionarios y figuras públicas, como individuos y organizaciones privadas, puertorriqueños y extranjeros.

Varios gobiernos de turno tuvieron en sus manos el poder y los recursos para descubrir la verdad y encausar a los culpables, pero no produjeron nada, ni siquiera remordimientos. No tienen excusa por el daño que han causado, por acción u omisión. No es posible construir un futuro social limpio sobre las bases del engaño y la impunidad.

Queremos agradecer a los compañeros que nos acompañan año tras año en esta fecha para exigir que las autoridades tomen la responsabilidad que les corresponde para aclarar el asesinato de mi hermano Chagui y encauzar a los verdaderos responsables. La impunidad que por 29 años ha prevalecido debe terminar y debe prevalecer la verdad para que ocurra una reconciliación nacional robusta y firme que nos lleve a definir de una vez y por todas nuestro destino.

Gracias nuevamente por acompañarnos.

 

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