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Mensaje en conmemoración
de los 30 años del asesinato de Ángel Luis Charbonier y Eddie Román
Torres
Por Rafael A. Juarbe Pagán
9 de enero de 2005, Mayagüez
A nombre de la Comisión por la Verdad y la Justicia me dirijo a ustedes
hoy. Comisión que con sus limitaciones intenta descubrir la verdad de
una
lista de asesinatos políticos, que no tan sólo no han sido esclarecidos
sino que las autoridades pertinentes para lograr esclarecerlos han
conspirado en una dejadez extrema.
En un viaje de melancolía contada, al llegar a este pueblo hace 5 años,
recreaba la imagen de dolor, donde aún el eco del pasado retumba con
fuerza similar a lo que una vez fue presente. En diálogo, conocí detalles
que aumentaban sin piedad los altos niveles de sensibilidad que obligaban
a asumir como propio un dolor ajeno. Al caminar cercano al edificio que
hace esquina entre la calle Iglesia y Ramos Antonini, esa estructura a
todas luces insignificante, expresaba con su particular lenguaje la
tristeza donde involuntariamente una bomba hipotecó permanentemente de
sufrimiento a dos familias completas. A dos días de conmemorar 30 años,
la misma posee intacta su fachada angustiosa como si el espejo del pasado
no pudiese deparar nuevas alternativas.
Aquel 11 de
enero de 1975, desde temprano los pronósticos
anticipaban malos augurios. Cercano a la alcaldía de Mayagüez en
un
zafacón se halló por un ciudadano, envuelta una primera bomba desactivada
al instante. Sin esfuerzos mayores la policía como si fuese parte de un
plan común, prácticamente ignoró aquel suceso. A las 6 y
20 de la tarde
Eddie Román Torres del Barrio Paris, de 34 años y empleado incansable
del
establecimiento Central Drive Inn, se disponía a remover el zafacón
del
negocio localizado justo al frente del mismo. De viaje el destino
coincidió con Ángel Luis Charbonier natal de Cataño, de
24 años y quien
despuntaba tan temprano como líder sindical y luchador por la
Independencia de Puerto Rico. La segunda bomba sí hizo explosión
y
liquidó al instante la vida física de quienes hoy recordamos, añadiendo
a
la lista 12 heridos entre ellos un niño para aquel entonces de 6 años.
La Comisión
por la Verdad y la Justicia ha realizado
gestiones para que el Departamento de Justicia nuestro, efectúe la
investigación pertinente y responsable que de con el autor que a todas
luces tiene nombre y apellido. La Fiscalía Federal, a pesar de los
intentos por que aunque sea una pregunta dirija a su inquilino Freddy
Valentín sobre estos sucesos (de lo cual su relación es indudable),
no ha
movido un ápice de esfuerzo. Este colonialismo selectivo donde intervengo
para fiscalizar la administración pública de sus fondos, para encarcelar
los luchadores por la paz de Vieques y ahora como nueva moda los
resultados electorales, tiene bien definida sus fronteras y allí donde
exista la probabilidad de que la mano de su gobierno o de sus emisarios,
aunque a la distancia haya participado es suficiente para mostrar la más
burda indiferencia.
El acto que hoy recordamos cumple con todas las definiciones de lo que
significa un acto terrorista, pero no tiene los elementos necesarios para
cualificar jamás dentro de las violaciones establecidas en su famoso y
retroactivo Patriot Act y aplicar todas las consecuencias que ello
conlleva. Claro ni Ángel ni Eddie estaban al servicio ajeno por lo que
no
merecen protección, a diferencia de sus victimarios.
El fundamento
de todo problema concreto entre lo justo y lo
legal está en que la conciencia es el criterio último de responsabilidad
para decidir, no la ley. Ahora bien sabemos que la realización de la
justicia, como justicia de ley, aunque llegue tarde, significa la
victoria de las victimas sobre sus verdugos no para complacer el vano
sentimiento de la venganza, sino para la reivindicación de los mártires
y
de sus Causas, para la recuperación de la dignidad y de la utopía
perdida
de quienes confundieron el aplastamiento sufrido como un fracaso de sus
ideas, de quienes no se dieron cuenta que no estaban siendo derrotados
por la fuerza de la razón, sino por la razón de la fuerza.
Al gobierno
que hoy se inicia como experimento bipartita, le
compartimos que no tendrá oportunidad más colosal para rescatar
la
confianza perdida en sus instituciones (elemento indispensable para una
sana gobernabilidad), que la incansable persecución de la verdad como
eje
central para la construcción de una historia digna, sin baches, que sirva
de trampolín para la búsqueda cooperativa de un nuevo país.
A los presentes
y a nuestro pueblo reafirmo que la justicia
moral no puede ser sustituida jamás por la justicia legal y es en ese
sentido que nuestra mayor responsabilidad es mantener presente tanto a
Ángel como a Eddie y a todos y todas que de manera similar fueron
sometidos a la razón de la fuerza. Como diría el poeta Miguel Ángel
Mesa,
¨Los mártires no han dado su sangre para que se coagule en el olvido
y la
desesperanza. Esos Santos están vivos y tienen nombre y apellido;
delegados de justicia con una fecha que es promesa de vida y de futuro¨.
Pero el recuerdo
por sí solo no cumple objetivos. El mayor
homenaje consistiría en revaluar nuevos caminos que identifiquen con mayor
precisión la construcción de un nuevo país, más humano
y más a fin con la
vida. Asumo como propuesta el lema de ese humanista Pablo Suess, “rompamos
espejos y abramos ventanas¨, para desatar los nudos de la miopía y
abandonar la cárcel del olvido y de la homogeneidad. Abrir ventanas es
muy
difícil pero puede significar sumar luces y ver lejos, partir hasta los
confines del mundo, repartir pan, camino y esperanza. Experiencias de ser
próximo y universal. No caer más en la estafa que nos hace rebotar
con el
pasado y nos impide dirigirnos hacia coordenadas nuevas sin claudicar a
pesar de las trampas que nos juegue la vida entre las cuales la muerte
surge como su mayor portavoz.
Por eso a
ti Eddie y a ti Ángel a ustedes y a los otros y
otras que hoy faltan y que su ausencia parece más presente que nunca,
le
confió que abrir ventanas será el fin primordial de ésta
lucha inconclusa,
que evite caer en la histórica encerrona que nos juega el pasado y nos
obliga a repetir viejos estilos sin poder alcanzar de una vez la equidad
social que tanto deseamos. Romperemos los espejos que nos retornan la
mirada afligida de frustración y nos siguen mostrando la misma fachada
sin
puertas ni ventanas, como si a diario nuevas y silenciosas explosiones
calcinaran nuestros sueños. Solo así y siempre así mantendremos
viva su
muerte como señal de vida y de esperanza; como suceso disparador donde
la
conciencia como fuente última de responsabilidad nos permita alcanzar
ese
equilibrio articulador que nos confirme de una vez que su destino nunca ha
sido incierto y que su muerte física y recalco sólo física,
no podrá nunca
dejar de alumbrar, por siempre, para siempre y hasta siempre, compañeros.
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